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“No sé si mi matrimonio se acabó”

By the dip team · 3 min de lectura

“No sé si mi matrimonio se acabó”

La casa por fin está en silencio. Los niños se durmieron hace una hora, ya lavaste los trastes, y tu pareja está en el otro cuarto con la tele murmurando del otro lado de la pared. Estás parada en la cocina con una taza de té frío que se te olvidó tomar, y el pensamiento llega como ha estado llegando desde hace meses, calladito, casi con educación. No sé si esto se acabó.

No es "quiero que se acabe". No es "ya lo decidí". Nomás, no sé. Y ya estás tan cansada de no saber.

Si ahí es donde estás, ayuda decirlo con todas sus letras: el no saber es su propia forma de cansancio, aparte de lo que sea que esté mal en el matrimonio mismo. Decidir es difícil. No poder decidir, durante semanas o meses, mientras sigues preparando las loncheras y dando las buenas noches y acostándote junto a alguien que ya no logras leer, es un peso muy particular del que poco se habla.

Aparece en lugares raros. Una amiga te pregunta cómo van las cosas y te oyes a ti misma decir "bien, con mucho trabajo", y no sabes si es mentira. Pescas un buen momento, uno de verdad, toda la familia riéndose de algo en la cena, y en lugar de nomás vivirlo te encuentras estudiándolo, preguntándote si quiere decir que deberías quedarte, como si cada noche cualquiera fuera ahora una prueba en un caso que no puedes dejar de repasar. El no saber convierte tu propia vida en algo que miras desde una pequeña distancia, y eso cansa de una forma difícil de explicarle a quien no ha estado ahí.

Tal vez dabas por hecho que a estas alturas ya sabrías. Que una persona debería poder darse cuenta de si su propio matrimonio se está acabando. Pero mucha gente no puede, no por mucho tiempo, y no porque lo esté evitando. El no saber es un lugar real, y estás parada en él con honestidad.

Aquí hay algo para quedarte un momento, con calma. Hay una diferencia entre "quiero salirme" y "no sé", y importa más de lo que parece. Las personas que de verdad ya terminaron, que ya se fueron del matrimonio por dentro, casi nunca se quedan paradas en la cocina por la noche atormentándose así. El atormentarse suele querer decir que algo sigue ahí. No necesariamente lo suficiente. Pero algo. El hecho de que no puedas contestar la pregunta con facilidad es, en sí mismo, una respuesta a otra pregunta: la de si todavía queda algo. Algo queda, o esto sería más sencillo.

Para algunas personas que leen esto, la verdad honesta resultará ser que ya terminaron, y que el no saber era el trabajo lento de dejarse a sí mismas admitirlo. Si esa eres tú, esa es una respuesta real, y bien ganada. Pero para muchísimas personas, el no saber es otra cosa. Es la distancia entre un matrimonio que es difícil y un matrimonio que se acabó, y esa distancia es más ancha, y más trabajable, de lo que se siente por la noche.

No tienes que resolver nada de esto esta noche. Esa es la parte que la sensación de cocina-a-las-once entiende mal. Te dice que ya deberías haber decidido, que el no saber es un fracaso. No lo es. El siguiente paso honesto nunca iba a ser la decisión. Es más pequeño que eso. Es averiguar si hay algo aquí con qué trabajar, y eso no es algo que puedas hacer sola en una cocina en silencio. Es algo que haces despacio, muchas veces con ayuda, a la luz del día.

Tiras el té frío. La tele sigue murmurando del otro lado de la pared. Nada está decidido, y por esta noche, nada tiene que estarlo. Mañana tal vez haya una pregunta más pequeña que la que has venido cargando. No si esto se acabó, sino si hay algo que todavía valga la pena averiguar. Esa sí, esa puedes empezarla.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.